lunes, 11 de noviembre de 2013

Tu única vida.

Ahuyenta mi cadáver, mi fosa común
el esqueleto con sus tejidos mortales quiere seguir jugando
un juego sin partida y sin jugadores:
lamer el piso para ver el cielo
llorar desiertos para oler una flor
soñar todos los sueños posibles para así despertar
de una vez por todas, bien despierto
ahogar su sed insaciable en aguas insondables
para así respirar la libertad de los sentidos:
desear no desear.
Esqueleto mío, -que no eres mío-
como un adolescente tímido nos precipitamos
a saludar desde un primer beso la soledad lunar
de una quinceañera por siempre añorada
mientras cavamos tu tumba, tu dulce fosa común
tu única vida.

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