Monumentos de piedra enmohecida
agazapados en el fondo de los ojos
la realidad que despunta a través de las ciénagas
de atardeceres inconclusos
que me tronchan el momento
en cópulas inseparables de pensamientos y emociones
los ojos se pierden como las estrellas
tras un día encapotado
y una noche de ciudad iluminada
las palabras despegan como cohetes trágicos
que jamás atravesaron la termosfera
del planeta catatonia, sádicamente
ornamentado con monumentos hundidos en un fango arrendado
a algún demonio de mala muerte.
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