La sangre petrificada de los años descarnados
ha hundido mis nervios en anhelos centelleantes
hay fuego en la mansión del olvido
las estatuas se retuercen como gusanos
en esta plaza de ancianos y vientos violentos
Perdona, oh, rayo cósmico sutil, la torpeza de mis sentidos
la alienación de mi razón impura con las palabras y las cosas
en el fondo de mi ópera canta un grillo sin fin
y las tinieblas de mi estupor rayan las atmósferas violáceas de una flor marchita.
Ahogan mi canto las sirenas de los abismos furiosos
y debo cargar con mi peor vergüenza: mi sombra gris profunda
hambrienta y despechada, ensañada con los faros del infinito
Extirpa mi sed la aurora ingrata
que las sabanas manchadas de sangre onírica me enredan la voluntad,
pesada bandera
percibo el día estremecerse en las cortinas
y yo me quedo hundido en mis nervios salinos,
en mi sangre petrificada.
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